Narcos mexicanos enviaban droga a través de botellas de vino
ARGENTINA / El Universal

Disimulaban ser turistas mexicanos que habían estado en la Argentina de vacaciones. Llegaban al aeropuerto internacional de Ezeiza con botellas de vino blanco de 1.5 litros, que aparentaban ser souvenirs y artículos típicos regionales, pero en realidad, dentro de los envases había efedrina diluida por medio de un proceso químico.
Las «mulas» eran enviadas a México por la banda presuntamente liderada por el prófugo Juan Jesús Martínez Espinoza, sospechoso de haber instalado un laboratorio de metanfetaminas en una casquinta de Ingeniero Maschwitz y una «cocina experimental» en una barrio semicerrado de Pilar.
Así lo informaron a La Nación dos fuentes de la investigación. Es más, las sospechas de los pesquisas indicarían que el mexicano Martínez Espinoza es la persona con los conocimientos químicos que posibilitaron idear los procesos para diluir la efedrina y la pseudoefedrina en el vino que enviaban a México.
«Cada dos días salía un mexicano con falsos souvenirs, que en realidad era efedrina en estado líquido», informó una fuente judicial.
Los detectives a cargo de la investigación trataban de determinar cuántos días pasaban en la Argentina los mexicanos usados como «mulas». Se cree que estaban en el país menos de 24 horas.
Los investigadores lograron reconstruir la historia de los viajes de los falsos turistas, a partir de un testigo clave que declaró días atrás en el juzgado federal de Zárate-Campana, a cargo de Federico Faggionatto Márquez.
«Era un negocio redondo. No se descarta que en cada embarque llevaban efedrina por 80 mil dólares», dijo uno de los investigadores.
Agregaron las fuentes que el proceso para transformar la efedrina en líquido fue probado por los narcos en la «cocina experimental» que habían instalado en el Barrio Parque Almirante Irízar, en Pilar.
En ese barrio semicerrado, según fuentes de la investigación, el mexicano Martínez Espinoza habría alquilado dos casas. Allí hacían el proceso de transformación de pseudoefedrina.
Las sospechas indicarían que los narcos compraban medicamentos elaborados a base de pseudoefedrina y destilaban los remedios para obtener la sustancia química. Después se encargaban de transformarla en líquido y diluirlas en las botellas de vinos.
Los medicamentos, según fuentes de la causa, habrían sido conseguidos por Martínez Espinoza en la farmacia y laboratorio Lancestremere, en Sarmiento y Talcahuano, allanada por la Delegación de Investigaciones del Tráfico de Drogas Ilícitas de Zárate-Campana, al mando del comisionado Honorio Rodríguez.
Allí se detuvo a los responsables de la farmacia: Marcos Frydman y su ex esposa, Ana María Nahmod, conocida como «Anita la guerrillera», que eran indagados.
Los pesquisas no descartan que las «mulas» también llevaran las la sustancia química escondidas en otros productos líquidos, como aceite de oliva.
La metodología de los falsos souvenirs habría sido utilizada por Martínez Espinoza entre noviembre y febrero pasados, cuando abandonó las dos casas de Pilar, presuntamente cuando en una provincia del noreste se incautó un importante cargamento de efedrina, explicó una fuente judicial.
El presunto líder de la banda siempre llevaba en su cintura una «riñonera» repleta de dólares. «Toda la gente que trataba con él le llamaba la atención que transitara por el conurbano con tantos dólares, sin importarle su seguridad», dijo un investigador, que no descartó que el presunto jefe de la banda también tenga características de killer.
Cuando huyó de Pilar, Martínez Espinoza se afincó en la casaquinta de Maschwitz, donde llevó a su mano de obra mexicana para fabricar metanfetaminas. Se trata de Luis Rocha Mendoza, de 35 años; Edgar Rocha Mendoza, de 29; Salvador Barrera Valadez, de 43; Rubén Rodríguez Cano, de 26; Rodrigo Lozano Rodríguez, de 27; Jorge Jerónimo Lira, de 32; José Luis Velasco Colón, de 32, y Jesús Arroyo Vergara, de 26. Todos ellos detenidos y con prisión preventiva.