B E R L Í N. — El Consejo de Ministros del
gobierno italiano que dirige Silvio Berlusconi
aprobó ayer el envío de 500 soldados
a Campania, una región carcomida por la
mafia con la incierta meta de acabar con
la violencia que ha impuesto el clan de los
Casalesi, el más sanguinario y poderoso
de la llamada Camorra.
La medida es la primera respuesta del
gobierno a una matanza que sacudió al
país el jueves de la semana pasada y que
provocó una revuelta entre los inmigrantes
africanos que han llegado al país. Ese
día, un grupo de pistoleros le disparó más
de 60 balazos en la cara a Antonio Celentio,
propietario de una sala de juegos en
Castel Volturno.
Pocos minutos después, sicarios acribillaron
a balazos a siete inmigrantes africanos
que se encontraban
en el interior
de una sastrería.
Seis murieron en el
acto y un séptimo
falleció en el hospital.
Según la prensa
italiana, todas las
víctimas estaban
envueltas en el negocio
de la droga.
La matanza de
los inmigrantes
despertó la ira entre la comunidad africana
que se lanzó a la calle para protestar y
pedir justicia. Pero la manifestación derivó
en una verdadera batalla campal y dejó
al desnudo el potencial de violencia que se
ha acumulado entre los inmigrantes.
El escenario de la masacre fue el territorio
controlado por el clan de los Casalesi,
el más poderoso y violento de la Camorra,
la mafia que domina Nápoles y la región
de Campania. Según la policía, Antonio
Celentio y los seis africanos fueron ajusticiados
porque vendían droga sin el permiso
de la mafia. El envío de los 500 soldados
pretende devolver la tranquilidad a
una región que no conoce el orden público
y donde la autoridad la ejercen los clanes
mafiosos, pero, por una razón misteriosa,
el gobierno limitó la presencia de los soldados
a un plazo de tres meses.
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